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Ciencias y Mancias

La Creación del Mundo a través de la Danza

La Creación del Mundo a través de la Danza

Cuando nos preguntamos acerca de la existencia del Universo, nuestra mente siempre responde encontrando una Causa primera que lo puso en movimiento. Buceando en todos los mitos cosmogónicos, nos encontramos con la agradable sorpresa de que muchos de ellos nos hablan de la Creación del Mundo surgiendo a partir de la danza de Dios. Por ejemplo, en India hallamos a Shiva, el Señor de la Danza, enviando sus pulsantes ondas de sonidos a través de la materia, despertándola y llevándola de esta forma del letargo a la vida. Y la materia danza a su alrededor manifestándose como una aureola de ardientes emanaciones. Danzando crea y sustenta las diversas manifestaciones en el Universo; danzando destruye, por el fuego todas las formas, dándoles nuevo descanso.

Así, entonces, el Creador es considerado como el motor inmóvil detrás de todos los acontecimientos en el Cosmos, el punto fijo alrededor del cual todo debe girar, simplemente porque esto mantiene su reposo, armonizando así a la vez movimiento y perfecta quietud.

El sonido rítmico, en los mitos cosmogónicos, está en la raíz de todas la Creación, y los Dioses son el poder a través del cual se manifiesta la fuerza de la vida. La Verdad, situada más allá del sonido y el ritmo, es el invisible centro divino alrededor del que gira toda la Creación. El poeta romano Lucano, del siglo II d.C., ve también la Danza como el comienzo de la Creación: “Con la creación del Universo comenzó también la existencia de la Danza, lo que significa la unión de los elementos. La danza circular de las estrellas fijas, la belleza del orden y la armonía en todos sus movimientos, es un modelo de la primera danza en el momento de la Creación. La Danza es el más preciado regalo de las Musas al hombre. A causa de su origen divino tiene un lugar en los Misterios y es muy amada por los Dioses, y los hombres la ejecutan en honor a ellos” (Sobre la danza).  Y dentro de este Universo manifestado que surge de la danza de un Dios creador nos encontramos al hombre. Un hombre que, aturdido y mareado, despierta a un mundo que no puede comprender, un mundo cuyo enigma le inspira admiración y miedo, y esto es, justamente, lo que le lleva a esforzarse en ahondar en sus profundidades en procurar comprenderlo y descifrarlo.

Asimismo, los tiempos de crisis le llevan a plantearse su relación con ese enigmático mundo, donde a veces se encuentra en situaciones peligrosas, llenas de momentos difíciles. Este planteamiento le proporciona una comprensión de sus propias limitaciones, al verse impelido constantemente a enfrentarse con ellas.  Enfrentado con una experiencia de caos y con su propia impotencia, cae en la necesidad de trascender su condición, porque su vida depende de su capacidad para establecer un lazo verdadero con esa primera Fuerza de emanación, y para comprender las leyes que gobiernan sus manifestaciones.

Así, el hombre busca profundizar en la comprensión de ese Misterio de sí mismo y del mundo que le rodea, y la vida se muestra como constante movimiento enlazándose a través de una Fuerza única, por simpatía universal, con todos los fenómenos del mundo circundante. Plantas, animales, hombres y estrellas están unidos por una corriente única, con la posibilidad de transformarse (¿tal vez unos en otros?) describiendo ese círculo mágico en constante movimiento sobre sí mismos que simboliza la propia manifestación primera de la Divinidad.

La Danza ha sido siempre la manera natural del hombre de armonizarse con el poder del Cosmos, el movimiento rítmico le proporciona la llave tanto para la creación como para la reintegración de las formas, y encuentra así el medio de permanecer en contacto con el Dios inmóvil como fuente de vida.

Hay algo inefable en la plástica de la Danza. Dícese que el ritual secreto de los griegos era una réplica del movimiento de los astros en el firmamento. Pitágoras oía la Música de las esferas, y en su Escuela creó una de las principales y más trascendentes asignaturas: la Danza. De esta suerte, fue famosa la elegancia inconfundible de los pitagóricos, aparte, claro está, de sus otras excelencias morales.

La Danza, como imagen corporal de creación, es la forma más antigua de la Magia, y es mitológicamente la llegada de la Luz, el principio del Mundo, así como el descubrimiento de la realidad subjetiva, la habilidad del hombre para reflejar, mantener y proseguir la evolución, la capacidad de percibir sus acciones en relación a lo sagrado, la visión de su propia imagen circunscribiendo lo desconocido.  La Danza como expresión del hombre movido por un poder trascendente es también la primera manifestación artística; antes de que el hombre expresara su experiencia de vida mediante elementos materiales, lo hizo a través de su propio cuerpo. El hombre danzaba por alegría, tristeza, amor, miedo, al amanecer, en la muerte, en el nacimiento. El movimiento de la Danza le proporciona la posibilidad de profundizar dentro de su propia existencia.

En su sentido más puro, es una síntesis de la Bellas Artes, siendo la más viva y humana, ya que tiene por instrumento interpretativo el cuerpo mismo, y es Música, Escultura, Pintura, Arquitectura... Convierte el cuerpo en el mejor de los instrumentos musicales. Afinado, educado, pulido a través del cultivo rítmico, el cuerpo, bajo un plan inspirativo, bajo el mandato espiritual de la armonía, se convierte en canal, en puente a través del cual se manifiesta lo invisible, comunicándose así con lo manifestado, con el hombre, y allí es donde reside el alto valor pedagógico de la Danza, siempre vinculado al más noble y elevado de los éxtasis artísticos. A través de la Danza se puede penetrar en el Misterio interior. La divinidad humana, ésa en la que creían los hombres de las viejas Civilizaciones que nos precedieron, se revela en majestad en aquel que se transfigura a través de las plástica rítmica. Cada danza es la metamorfosis que lleva al pasaje del danzante en dios. Al imitar el trabajo de la Divinidad, el artista provoca la Alquimia de la transmutación, el rapto. Los griegos vivieron estos instantes de magia solemne y supieron emplearlos y acoplarlos a sus finalidades espirituales y estéticas. Su ritual está consagrado al servicio de la belleza. De ellos aprendimos que nada confiere tanta elegancia y ensalza la dignidad humana como un cuerpo y una alma convenientemente cultivados por la Danza. A través e ella el hombre trasciende la fragmentación y se siente nuevamente uno consigo mismo y el Universo que le rodea. Capta la relación universal y el sentido de totalidad de la vida.

Las celebraciones religiosas y populares, los estados espirituales, toda la gama expresiva de las emociones, los oficios, los juegos, las costumbres, todo tenía y tiene su danza, su doble arquetípico. La Danza es el resultado de una meditada observación de la Naturaliza, donde todo se mueve rítmicamente, describiendo figuras y marcando leyes. Magia, Misterio y Arte se conjugan en la Danza para ofrecer el hombre una comprensión de su propia dimensión divina.
Hoy la danza se esconde en estrambóticos y extraños brincos de cuerpos que olvidados de la Armonía, se mueven al son de distorsionantes sonidos. Necesitamos reencontrarla, necesitamos recrearla, necesitamos hallarla nuevamente en medio de nuestro caos y nuestra incomprensión. ¡Terpsícore, el Alma que vibra, despierta!
 

Fuente:nueva-acropolis.es

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